En algún cajón de tu casa,
hay recuerdos esperando.
Una caja de cintas. La boda de tus padres. Tus primeros pasos. Aquel verano en el pueblo que creías olvidado. Imágenes que llevan años, quizá décadas, sin ver la luz.
Pero las cintas no son eternas. Cada año que pasa, la cinta magnética se degrada un poco más. Los colores se apagan. La imagen se pierde. Y llega un día en que ya no hay vuelta atrás.
Nosotros las rescatamos antes de que sea tarde. Las digitalizamos con mimo, una a una, y te las devolvemos para que vuelvas a ver a los tuyos tal y como eran. Para que tus hijos lo vean algún día.
